Oh, pon alas a estos pies de barro
Para que puedan acariciar el rostro de las estrellas.
Hmmm... Despué de todo, tal vez no me tiña el pelo. Qué curioso.
I'm weightless, underwater I can fly
Oh, pon alas a estos pies de barro
Para que puedan acariciar el rostro de las estrellas.
Hmmm... Despué de todo, tal vez no me tiña el pelo. Qué curioso.
Hacía tiempo que no la oía. No como hoy, con su voz en mi cabeza tal y como es ahora. La voz de un adolescente de cera, con dedos de cera, con labios de incienso y ojos de niebla. Guapo, sin duda, pero de cera.
Una y otra vez las mismas palabras: "Mi querida Eliza, mi querida Helena. La más solitaria de todas, pero aun así nunca aceptarás mis besos. Me retiras la cara." Y acto seguido una garra cenicienta, de metal plomizo en mi garganta. Un pinchazo de alambre hasta el esternón y gotas de veneno que me dejan un picor constante durante varios días.
Ha reaparecido con su voz resonando en mi cerebro. Podría pensar que estoy loca, pero no pensarlo es más divertido.
Entonces aparece él. Ese hombre, que dejó atrás los veinte, atravesó los treinta y decidió plantarse indefinidamente en los cuarenta. Con su chaleco y su camisa almidonada, ni un solo pelo fuera de lugar. Esa mueca. Esa mueca. Era esa mueca. La máscara. Dos años, un mes y diez días. Vendrán a buscarme. Enviarán al gato.
Siempre ha sido tu perfil
Y mis manos dibujando la silueta de tu nariz.
Lo sé.
Aún lo recuerdo.
¿Era un secreto?
Son las doce y aún demudas
Las danzas y los solsticios en caricias de dolor.
Son las doce.
Da el reloj.
Cuando duermes
Cuando sueñas
¿Aún me espias?
Eso creo
(En la distancia)
Oh, fragmentos repartidos
Por espacios infinitos que acuden
Al grito de tus entrañas
De tus manos y palabras.
Son hermosas.
Y son puras.
Eso creo.
Veo
Y siento.
Sigo siendo.
Déjame bordar tus dedos otra vez más.
El anular izquierdo
El corazón cortado
Cercenazo aquel invierno bajo el sol.
Sobre la hierba.
Era la nieve. Era la niebla.
Oh, fragmentos esparcidos
Por espacios de metal y adoquines de madrugada.
Otra historia entre callejones de cemento
De ciudad mientras tú duermes.
¿Esperando?
Eso espero.
Lo siento. No hay tiempo. No hay días. Hacía tiempo que no había un toc, toc, toc, toc en mi cabeza. Déjame entrar.
Me alegra saber que aunque dormida y peleando con los pies en la tierra, ese algo sigue durmiento en su letargo. Y a las tres de la mañana despierta un momento, susurra, se esconde y vuelve a dormir.
Sigo siendo. Eso está bien.

Ella está aquí.
Ella despierta.
Ella llama a la puerta de todo lo que aspira aire.
Aunque tus manos embarradas.
Aunque tus labios de tierra.
Retozar entre el cemento.
No puedo, no puedo.
La ciudad llama.
La niebla acecha.
Entre mis rizos de serpiente y profetisa.
La niebla acecha
Desde ultramar.
Impreganada otra vez de tus vocales
Soy cristal y soy veneno.
Últimamente apenas tengo tiempo de escribir. Es en parte por tiempo material y en parte porque en medio de tanto ajetreo mi alma está bastante aletargada y no tiene nada sobre lo que gritar un poco. Bueno... hasta ahora. Porque llevo unos días con Lizzy subida por las paredes, Erica llorando por los rincones y un extraño rockabilly sentado en un sofá. Entre tanta fiesta mental una no se aburre, desde luego.
La cuestión es que el otro día me volvieron a preguntar de dónde había sacado la imagen de la mujer de la máscara que uso en el blog, de fondo en el móvil y allá donde pillo. Pues no lo sé... A mí me la enviaron porque pensaban que me iba a gustar. No hay más vuelta de hoja. Pero en fins... que la cuestión es que lo último que escribí fue sobre ella: la mujer pájaro. Ni bueno, ni malo... Pero hay que cumplir los objetivos de febrero y esforzarse.
La mujer pájaro planea
Sobre umbrales y adoquines
Sobre el cielo.
Aguamarina obelisco
Son las nubes el-evadas
Cenizas hundidas
Y aves...
Aves al vuelo.
Son sus plumas de esmeralda.
Y tus párpados cemento
Los carrillos de metal
Las garras adamantinas
Y el basalto... el basalto...
Uñas blancas
Engarzadas
Garzas das
Como búhos miras
Adamantinos ojos
Adamantino aguijón de tus espaldas
Adamantinas alas.
Adamantinas miradas.
Nocturnas.
Nocturnas estancias.
Nocturnas cantas.
La mujer pájaro elevada
Surca cielos de alabastro
Y canta, canta...
Cielos ígneos...
Catatónicas vocales
Desde su cumbre alzada.